Casi un día como hoy, hace 115 años, alguien prendía fuego una bandera inglesa. En julio de 1911, el Rey Jorge V había llegado a Dublín, la capital de la República de Irlanda, y pasaría un siglo hasta que otro representante de la monarquía pisara suelo irlandés. Estrictamente hablando, era una bandera británica y no se terminó de quemar del todo, pero casi. La que hizo todo para quemarla fue Constance Markievicz, entonces parte de la organización independentista “Las hijas de Irlanda” (Inghinidhe na hÉireann). Todo incluyó corridas para huir de la policía, arrojarse a la multitud, tirarle parafina a la bandera (que parecía hechizada, escribió Constance) y cortarla en pedacitos para que cada persona se llevara un trofeo a casa. “Querida tierra aún no has sido conquistada”, decía uno de los carteles que había llevado Constance a la protesta contra la visita real.
Contra todo pronóstico, la acción organizada por un puñado de agrupaciones generó revuelo porque le recordó a mucha gente la ambición conquistadora de la corona británica, la humillación que encarnaba la visita. En un texto que recuerda esos días, Constance escribe que “había estado todo tan tranquilo, durante tantos años, que [los unionistas] habían llegado a creer que habían conseguido pacificar Irlanda. Nunca imaginaron que había algo más que una pequeña chispa de las cenizas de una idea muerta”. James Connolly, el socialista irlandés que lideraría el levantamiento de 1916, dijo sobre esa visita que la “realeza ostentosa” y la “aristocracia insolente” exacerbaban los males que sufría el país.
Lo que parecían las “cenizas de una idea muerta” fueron, al contrario, las brasas que mantuvieron viva la ambición de independencia. Lo que más me gusta de esta historia es que una acción que no fue masiva, ni hegemónica siquiera entre quienes soñaban con la independencia, desmintió a los poderosos, a los ostentosos, a los aristócratas insolentes, que pensaban que habían ganado, que habían matado la idea. Ninguna acción por sí sola resuelve la disputa. Pero, si nadie levanta la voz, el silencio no se rompe nunca.
Constance Markievicz murió el 15 de julio de 1927. Dicen que la despidieron treinta mil personas en la misma Dublín donde quemó esa bandera ansiosa por romper el silencio. En el parque más grande de la ciudad, el Saint Stephen’s Green, hay un busto que la muestra tranquila pero atenta. Me la imagino así en la cárcel escribiendo el poema “En Kilmainham”: “no puedo dormir y sin embargo sueño”.
Si solo podés pensar en este 15 de julio de 2026 porque el que no salta es un inglés, te recomiendo esta charla con Andrés Burgo un ratito antes del Mundial sobre la película El partido, basada en el libro homónimo de Andrés sobre el partido de Argentina-Inglaterra en México 1986.
Una cuestión de tiempo
El 24 de julio se estrena Diciembre en el Malba. Es un documental de Lucas Gallo sobre cómo se amasó ese diciembre de 2001, que no empezó en diciembre ni en 2001. Lucas reconstruye con material de archivo las protestas, las conferencias de prensa, los cacerolazos, los saqueos, el “que se vayan todos”.
Hay algo muy interesante en la forma en que está contada la historia: empieza en la década de 1990, con las privatizaciones y el crecimiento del desempleo, mucho antes del helicóptero de De la Rúa, esa imagen que tenemos tatuada en la cabeza. Aparecen las movilizaciones, la represión y la respuesta popular, pero también se ven marchas chiquitas, grupitos de gente protestando, cortes de calle, piquetes, acciones que por sí solas no resolvían la disputa; aunque todas fueron decisivas de alguna manera. Y antes de que te des cuenta, las marchas crecen, los grupos son grandes, se cortan las autopistas, los piquetes bloquean rutas enteras. No es que sea una evolución gradual (el único “paso a paso” es el del Racing de Mostaza Merlo que asoma en la pantalla); hay saltos, hay retrocesos. Y, sobre todo, disputas.
Si participaste de alguna manera, vas a encontrarte con momentos e imágenes, como las camisas de los obreros ceramistas de Zanon, para mí uno de los colores primarios de la rebelión de esos años, con una bandera roja cerquita. Diciembre no podría estar más lejos de la nostalgia porque muchos discursos resuenan en el presente pero también porque las disputas, en esencia, son las mismas.
Hablando de tiempo, el último episodio de Bibliografía Obligatoria explora cómo el descanso dejó de ser parte de nuestra vida, desplazado por el trabajo y la eficacia, y quedó relegado a determinados días y horarios. Las vacaciones, el fin de semana y el tiempo libre en una sociedad gobernada por el rendimiento y la hiperproductividad. Acá podés ver los episodios anteriores.
Y hablando de piratas, en La estación del pantano de Yuri Herrera (Periférica, 2022), mientras Benito Juárez y su pandilla de exiliados recorren los pantanos que rodean Nueva Orleans aparece la pregunta de si los piratas que fundaron Barataria habrían leído El Quijote. “—¿Cómo es posible? ¿Bautizaron una parte del pantano como la península que Sancho fue a gobernar en el Quijote? —Eso parece. —Pero ¿quién? ¿Los piratas?”. Entonces, “¿Jean Lafitte había leído el Quijote?”, se preguntan. Lafitte fue un pirata real del siglo XIX que había establecido su reino de Barataria cerca de Nueva Orleans y organizaba ahí el comercio de las mercancías de contrabando. Me gusta la versión del Benito Juárez de la novela, esa donde algún pirata conocía la historia. Charlamos sobre esta novela y otra aventura absurda (La trompetilla acústica de Leonora Carrington) en Fuera del algoritmo.
Obsesiones en curso (a falta de mejor título)
Siempre hay cosas que quedan afuera porque todavía no encuentran un lugar. Pero me gustan y me interesan (si alguna vez les suena algo de lo que leen acá, sí, es porque lo leí, lo escuché o lo miré en alguno de estos lugares):
· Interfaz artesanal. Es un substack de Danila Suárez Tomé y su interfaz artesanal propone “transmitir un modo de ver el mundo que precisa de todo aquello que el feed castiga”. Me recordó a la idea de los jardines digitales para escapar del scroll infinito y la tiranía algorítmica.
· La maldición de Widow's Bay. Es una serie sobre el alcalde de una isla de Nueva Inglaterra (Estados Unidos) que hace lo imposible para transformar su pequeña comunidad en un destino atractivo para el turismo pero las leyendas locales sobre una vieja maldición empiezan a volverse realidad. Mi top 3: el mito fundacional de la isla, la fiesta de Patricia y Matthew Rhys. Gentrificación, monstruos y ritos.
· Estas muñecas para la soledad. Da vueltas la noticia de que en Corea del Sur se utilizan dispositivos con inteligencia artificial para mitigar la soledad en personas mayores. Actualmente, el 36,1 % de los hogares coreanos son unipersonales y estiman que para 2050 superarán el 40 %. ¿No es rarísimo que sea más fácil pensar en un producto que solucione la soledad que en una forma más comunitaria de la vida? Sé que no es raro en el capitalismo contemporáneo, pero la pregunta me sigue interesando igual. Además, imposible no pensar en Kentukis de Samanta Schweblin.
Parroquiales. El viernes 17/7 a las 18:30 presentamos Agrupémonos todes. Una breve historia de diversidad sexual y lucha de clases (Ediciones IPS), un libro de Jorge Remacha sobre historias que están mucho más entrelazadas de lo que parece. Vengan a Guardia Vieja 3540 (Casa Cultural Socialista Almagro), vamos a hablar de historia, política y todo lo demás también.
Los sábados a las 12 podés ver y escuchar El Círculo Rojo en Radio con Vos. En este link podés conocer, sumarte a nuestra comunidad y ser parte de la forma que quieras y puedas (a cambio, además de sostener y mejorar el programa, tenemos regalos, descuentos y beneficios en una red cada vez más grande). Si querés contarme algo, escribime respondiendo este correo, y acá podés leer las entregas anteriores.


