17/6/26

V de venganza

 



Quieren al caballo cansado, 

no entienden

la cola de los perros,

al gato que amasa. 

Recomiendan que olvidemos 

cuando quieren que perdamos. 

Las estrofas son de un poema de Patricia González López publicado en Llegué cansada a la felicidad (Concreto). En cada palabra de estos poemas hay algo que habla de la posibilidad de hacer de casi todo poesía. A la vez, no oculta ninguno de los obstáculos que se interponen entre nosotras y hacer de casi todo poesía. Obstáculos porque mucho de lo que nos separa de la literatura (quizás del arte en general) tiene menos que ver con decisiones o gustos personales y más con tiempos y lugares, con condiciones materiales. Creo que lo más adecuado sería hablar de escasez: muchos de nuestros “gustos” se construyen ahí, en la falta de tiempo libre, de roces fuera del algoritmo, de posibilidades de leer, mirar o escuchar cosas que no te gustan de entrada, que te hacen insistir o elegir algo diferente. Cuanto menos tiempo y menos plata tenemos, más pequeñas se vuelven nuestras bibliotecas, más cortas nuestras listas de películas para mirar y listas de reproducción, y más difícil se vuelve cultivar un placer o hacer algo solamente porque te gusta. 

Hace algún tiempo que estoy un poco monotemática con la dictadura de la productividad pero creo que marca nuestras decisiones de formas profundas y a veces automatizadas. Cuando escuché esta conversación con Natalia Romé y Carolina Ré, empecé a pensar mucho en lo que dejo de hacer porque “no me sirve para nada”. Y, la verdad, me encontré con esa idea mucho más seguido de lo que yo pensaba (en eso “neoliberales somos todos”, como dicen ellas en esa conversación). Por eso me gusta mucho cuando alguien deja en evidencia lo material, de qué estamos hechas las personas, qué condiciona parte de nuestras elecciones, cuando podemos y cómo podemos. Por supuesto que también juegan cosas individuales, caprichosas e irreductibles y eso es algo hermoso pero son contornos que no se dibujan en la nada. 

El libro de Patricia llegó a mis manos justo cuando había leído Nadie me esperaba aquí: crónica del desclasamiento (Anagrama), un ensayo de Noelia Ramírez que también habla de las condiciones materiales y de cómo marcan las trayectorias intelectuales, profesionales, artísticas. Noelia recupera una idea que Annie Ernaux incluye en su discurso cuando le entregan el premio Nobel de literatura: escribiré para vengar a mi raza. La había escrito en su diario íntimo hace muchos años: “‘Escribiré para vengar mi raza’. Se hacía eco del grito de Rimbaud: ‘Soy de raza inferior por toda la eternidad’. Tenía veintidós años. Era estudiante de literatura en una universidad de provincias, entre chicas y chicos, muchos de ellos de la burguesía local”. En su ensayo, Noelia dice que su escritura no es de revancha, que no parecía hecha para los suyos, pero explica: “he aprendido a ver el desclasamiento como un viaje de ida y vuelta. Uno que sabe que sin vergüenza no hay orgullo, y sin orgullo no hay nuevo discurso”. 

El ensayo tiene una colección de gestos y mímicas de clase que se aprenden en espacios diseñados para la minoría más pequeña de la sociedad (los ricos), como gran parte de las universidades prestigiosas, ámbitos académicos y artísticos. Los apellidos maquillados, los saberes y hábitos fingidos (ella lo llama “haz como si…”) y sobre todo despreciar lo propio: “cuando me recuerdo corrigiendo a mis padres, me encojo por un instante, imaginando qué pensarían quienes pasaron años pelándome la fruta del postre. Pero si destaco este episodio de desdén preadolescente es porque la vergüenza por desclasamiento sirve para construir el orgullo, para reivindicar la dignidad nacida de la humillación”. No espoileo más el libro, pero una de las conclusiones que me gustaron es la invitación a habitar los limbos sin jerarquías y en comunidad. 

Entiendo lo que dice Noelia, que no escribe para vengar a nadie, pero es imposible no sentir propio el deseo (para ella tampoco) de esa Annie Ernaux jovencísima y su orgullo ingenuo de que convertirse “en escritora, al final de una estirpe de campesinos sin tierra, obreros y pequeños comerciantes, gente despreciada por sus modales, su acento, su falta de cultura, bastaría para reparar la injusticia social congénita”. Algo de ese orgullo resonó cuando leía estrofas como “Mamá se siente orgullosa: / limpio, me gusta limpiar, puedo limpiar /sin que eso signifique / privilegio, / complejo / o única posibilidad de clase” de Patricia González López. Igual, de todas, creo que mi favorita en esta lectura (probablemente demasiado ideologizada) es: “Seamos malos pobres. / Resistir / es romper el destino”. 

Una posdata sobre las condiciones materiales. Annie Ernaux en La escritura como cuchillo (Cabaret Voltaire, 2025) reflexiona sobre la relación entre la escritura y la necesidad de subsistir. Las opciones que enumera incluyen “vivir de los propios libros (rarísimo al principio), que te mantenga el Estado (cobrando ayudas, becas) o un marido, un amante, una mujer, que gane dinero por los dos, o tener un empleo. Me parece que esta última solución proporciona más posibilidades de asegurar la independencia de la escritura y una autonomía mayor en el campo literario”. No hace falta que nadie diga que el panorama actual es muchísimo más complejo que en 2003, la fecha inicial de este diálogo con el escritor Frédéric-Yves Jeannet. La concentración de la industria editorial, las fronteras cada vez más difusas entre negocios y literatura y la precarización de la vida en general hacen esas decisiones mucho más difíciles. ¿Se puede vivir de la escritura? ¿Hay que vivir de la escritura? ¿El éxito comercial es EL ÉXITO? ¿Quién gana cuando se venden muchos libros? Y, aunque me gusta su respuesta, tampoco se me escapa que la decisión de Ernaux hoy también sería un problema, porque ser profesora tampoco brinda la “seguridad material” que le permitía la exploración y sus incertidumbres. En todo caso, creo que lo deseable sería que nadie tenga que renunciar a la seguridad material, ni la escritora ni la profesora ni la enfermera, para escribir, hacer música, pintar o lo que sea. Todas las personas deberíamos poder pescar por la mañana y ser poetas por la noche, como propusieron Marx y Engels hace mucho tiempo. 

Billeteras frías y varones tradicionales 

No sé vos pero cuando escuché al jefe de gabinete Manuel Adorni explicando que se encontró un pendrive con muchísima plata y empezaron a hablar de billeteras frías, yo pensé en Steal (El robo). Es una miniserie británica sobre un robo multimillonario a un fondo de inversión londinense. Aunque el foco de la investigación está en descubrir los mecanismos de un golpe casi perfecto, hay una subtrama interesante sobre el endeudamiento personal que puede llevarte a decisiones desesperadas y cómo funciona el sistema construido alrededor de esa desesperación. Hacia el final se resuelven los misterios pero queda flotando la pregunta sobre quiénes son los verdaderos y más grandes criminales. Se ve en Prime y por ahí. 

El último episodio de Bibliografía obligatoria fue sobre una pregunta que da vueltas hace algunos años: ¿Los varones son cada vez más de derecha? Mi primera conclusión sobre muchos de los comentarios de varones es que -además de que sería bueno que terminen de mirar el video antes de explicar cosas- la pregunta toca más de un punto sensible. Igual, para mí, vale la pena no por los que responden apurados “basta de hembrismo” o “mirá el flequillo”, sino por los que lo guardaron, se lo mandaron a un amigo o simplemente lo vieron y dudaron. Insisto: para los que dudan hay ideas, argumentos y un lugar que también pueden sentir como propio en los feminismos y todos los movimientos y organizaciones que luchan contra la opresión. 

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3/6/26

Cómo borrar un femicidio

 


El hallazgo del cuerpo de Agostina Vega en Córdoba evidenció la cruda vigencia de la violencia de género y su expresión más aguda, los femicidios. A contramano del negacionismo oficial y el clima de “a nadie le importa” que se respira en la mayoría de los medios de comunicación, la violencia machista sigue siendo un problema grave y la Policía y el poder judicial siguen actuando con desidia, desprecio y desinterés patriarcal.  

El presidente y sus voceros se dedicaron a confirmar que sus políticas no tienen nada que ver con el ahorro fiscal o la igualdad ante la ley. Las medidas que impulsó este gobierno se alimentan de revancha y odio a las mujeres (no somos las únicas pero sí el bloque más numeroso). Un ejemplo que resume esta combinación es el ataque misógino (difundido por el propio Javier Milei) a la diputada nacional y referente del Frente de Izquierda Myriam Bregman, una de las dirigentes opositoras con mejor imagen hoy en Argentina. 

Las semanas previas al 3 de junio, cuando se cumple un nuevo aniversario de la primera marcha de Ni Una Menos en 2015, algunas organizaciones feministas alertaron sobre el retroceso en la lucha contra la violencia patriarcal que significaría revisar el fallo sobre el femicidio de Julieta González, asesinada en Mendoza en 2016

Borrar la violencia de género

La Corte Suprema de la Nación se prepara para revisar la condena por el femicidio de Julieta González. En primera instancia, Andrés Di Césare fue condenado a 18 años por homicidio simple. El tribunal provincial descartó la figura de femicidio con argumentos machistas como “era extrovertida”, "tenía varias relaciones". 

Esta no es una causa cualquiera porque las movilizaciones jugaron un rol clave. Ese fallo escandaloso de 2019 fue repudiado en las calles. La Corte Suprema mendocina lo revirtió en 2021 y condenó a Di Césare por femicidio a prisión perpetua. Su defensa presentó un recurso de impugnación de ese último fallo a la Corte Suprema de la Nación. En los hechos, lo que están pidiendo es que "borre la violencia machista del crimen". Un detalle: Di Césare es un hijo del poder, su papá es un empresario del transporte mendocino muy importante, con muchos recursos y abogados caros.

Leticia Morcos, abogada de la organización Líbera que siguió la causa desde el principio, alerta que si la Corte acepta los argumentos de la impugnación (que no eran una pareja estable ni había historial de violencia), las familias de las víctimas tendrán que superar obstáculos adicionales a los que ya existen. Y como explica Leticia, implica "convalidar que Julieta no podía ser víctima de violencia de género porque no tenía las características de una víctima, porque no era una mujer retraída, sumisa y sufriente".

Seguro no es la primera vez que se presenta un recurso así pero sí es la primera vez que la Corte Suprema lo revisa cuando el gobierno de turno tiene entre sus proyectos eliminar la figura de femicidio. Aunque hoy sea más material de la batalla cultural que otra cosa, ayuda a crear un contexto reaccionario. Algo similar consigue el proyecto de la senadora oficialista Carolina Losada que deslegitima las denuncias de abuso y violencia de género –hoy frenado por el rechazo que despertó y porque el gobierno no está en condiciones de sumar más problemas. 

¿Cuánto vale la vida de las mujeres?

Al presidente Javier Milei le gusta levantar el tono de voz y decir que su gobierno quiere eliminar la figura de femicidio del Código Penal en nombre de la igualdad ante la ley y porque todas las vidas valen lo mismo. Pero es mentira. La figura de femicidio no implica una discriminación contra los varones. Al contrario, reconoce que no existe igualdad real entre los géneros. Eliminarla no significa que todas las vidas valen lo mismo —implica que está bien que la vida de las mujeres valga menos. 

Revertir el fallo de una causa así implicaría un retroceso enorme. Enviaría el mensaje que quieren y esperan los reaccionarios: que los varones pueden disponer de los cuerpos de las mujeres. Que las feministas exageran, que fue una moda pasajera, que todo volverá a la normalidad. Esa normalidad incluye que en mayo de 2026 una mujer sea asesinada en su casa, después de que ella misma llamara a la Policía para denunciar que su novio la mantenía como rehén. Noelia Rivero tenía 30 años, una de sus amigas contó que el femicida Tomás Adrián Núñez “le prohibía trabajar fuera de horario o de noche, la hacía faltar, y si ella estaba en jornada laboral la obligaba a estar en llamada con él”. 

Karl Marx no conoció a Noelia pero pudo describir un tipo de violencia similar al que sufrió. Mientras analizaba los archivos de la Policía de París durante el periodo de la Restauración posterior a la Revolución de 1789, escribió sobre la esclavitud a la que eran sometidas las mujeres. Marx decía que el Código Civil y el derecho de propiedad permitían “al marido celoso encerrar a su esposa con los mismos cerrojos con los que el avaro cierra los baúles de su cofre. La mujer es parte del inventario”. Muchas cosas cambiaron desde entonces pero hay tiranías que siguen vivas y se reproducen en contextos inundados de cosas que parecen menos violentas que una puñalada: las burlas misóginas, la celebración de la cosificación, las humillaciones y el sentimiento de propiedad sobre los cuerpos de las mujeres. 

Este clima de negacionismo del poder, de desprecio y desidia de policías y jueces, ¿sabés qué otro ingrediente tiene? El silencio. El silencio de los medios de comunicación, de los grandes y tradicionales que borraron casi totalmente cualquier tema relacionado con la violencia de género. También borraron a las mujeres de la mayoría de sus programas y portales, ¿qué habrá pasado? ¿Las contrataron solo para cumplir? ¿En realidad nunca les interesó lo que tenemos para decir? El silencio de los medios nuevos, un silencio más cálido y simpático, de las risitas cuando se hace el chiste de las tetas de una legisladora, de los que no se les juegan cosas en el cuerpo, de los que sienten que no es necesario decir nada. 

Y finalmente el silencio de todos, de los varones que se sienten afuera del problema, de los que rechazan la violencia machista pero están a la defensiva entre sus pares, los que no discuten el chiste misógino, de los que dejan pasar el video violento “porque es IA”. Me gusta el cambio de enfoque que propuso una usuaria de la red social X, cada 31 horas un varón argentino se convierte en femicida: ¿por qué no hablan de esto en sus grupos de WhatsApp? ¿Cuántas veces le dijiste a un amigo tuyo “cómo puede ser, hagamos algo”? Para los que quieran, los feminismos tienen ideas, argumentos y sobre todo un lugar que también pueden sentir como propio

Antes de que encontraran los cuerpos de Agostina en Córdoba, de Dulce en Eldorado (Misiones), de Noelia Temperley y las que no conocemos, la Casa del Encuentro ya había registrado 87 femicidios en lo que va de 2026. El recorte de las políticas que atendían a las víctimas de violencia machista llega al 89 %, según estima la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia. Los feminismos y sus demandas siguen siendo utilizados como combustible para la batalla cultural del gobierno. No existe ningún motivo para que no vayas a la marcha hoy, no existe ningún motivo para que no insistas en tu agrupación, centro de estudiantes, sindicato, grupo de amigas, amigos, amigues para estar. Y sobre todo: que el 3J no sea una fecha folclórica. 

***

Bibliografía obligatoria. ¿Por qué decimos Ni Una Menos? Esta y otras historias del movimiento feminista de Argentina las conté en una columna de Youtube que hago en La Izquierda Diario. La semana pasada salió un nuevo episodio: La máquina del diablo que revolucionó la vida de las mujeres. ¿Por qué querían evitar que las mujeres anden en bicicleta? ¿Por qué decían que los pantalones iban a destruir la familia? ¿Por qué los bolsillos eran y siguen siendo un campo de batalla? Tres cosas de todos los días en el centro de la lucha por la emancipación de las mujeres. 

 

20/5/26

El presidente no tiene quien lo escuche

 


Quizás no sea el mejor momento (o sí) para recordar que Javier Milei se hizo a sí mismo hablando. En medio de una crisis que no encuentra salida por el momento, la verborragia del presidente parece dañar el valor de la palabra presidencial. Irónicamente, el presidente que se hizo hablando hoy se enfrenta a una audiencia cada vez más pequeña o menos interesada en lo que él quiere decir. De todas formas, insiste en hablar sin parar: economía, matemática, genética, legislación, condena moral, religión, la lista sigue.

Juan José Becerra escribe en Milei, fenómeno verbal (Siglo XXI) que las apariciones televisivas del Milei panelista "dejaban en el aire un efecto que se fue convirtiendo en una mitología. Si no alcanzaba a desarrollar los frondosos postulados de sus ideas en su totalidad, no era porque no supiera, sino porque sabía demasiado". Como presidente, desde el día cero, exprimió esa "superstición de superioridad" y esa mitología que se ocupó de alimentar cada vez que tuvo a mano un periodista, funcionario o legislador dispuesto a colaborar. El libro de Becerra recorre el universo de ideas y palabras que hacen al fenómeno verbal, en discursos, libros y entrevistas. Creo que es un ejercicio valioso cuando parece que no hay tiempo ni motivos para indagar más allá de la coyuntura, la noticia que rebota o la cantidad de me gusta en la publicación equis.

Un plus que agradezco son las herramientas literarias para analizar el vanguardismo de Milei, una definición para su prosa y su versión internacional que supo flotar en paralelo al Milei presidente, "que despliega por los escenarios del mundo, rendidos a la novedad que encarna, incluso —o sobre todo— a sus formalismos espectaculares de freak, su discurso de conquistador anacrónico". Becerra se detiene en las asambleas del foro de Davos en 2024 y 2025, escenarios en los que se empacha de guerra cultural contra el "feminismo radical", el "virus mental de la ideología woke" y la "agenda sanguinaria y asesina del aborto". El autor subraya el cambio de actitud entre ambos discursos: si en el primero hablaba desde una especie de humildad, en el de 2025 ya está consolidado como estrella internacional de la ultraderecha: "Cuánto ha cambiado en tan poco tiempo. Hace un año me paré aquí frente a ustedes en soledad y dije algunas verdades sobre el estado del mundo occidental que fueron recibidas con cierta sorpresa y estupor por buena parte del establishment político, económico y mediático de Occidente". Hay una expresión argentina, explica Becerra, "para describir la situación en dos palabras: está agrandado".

Estaba agrandado y eso colaboró, en parte, con su error de cálculo al despacharse con que "la ideología de género [una entidad creada a la medida de los intereses de la reacción] constituye lisa y llanamente abuso infantil. Son pedófilos, por lo tanto, quiero saber quién avala esos comportamientos". Nadie sospechó que un discurso en un foro económico en Suiza podría provocar una manifestación masiva en su propio país. Creo que ese momento también tuvo algo de "evento material", aunque no haya incluido dólares y cosechas. Sus palabras chocaron con una multitud que protestó porque le molestó la discriminación del presidente, porque se sentía discriminada y tenía bronca con un ajuste que todavía no había desplegado toda su fuerza. La protesta sirvió de plataforma temprana y megáfono del descontento popular que no encontraba otros canales en las centrales sindicales y partidos mayoritarios que ya hacían sus cálculos y jugaban al diálogo con el verdugo. Es cierto, no provocó el silencio, no "se apagó el megáfono que propalaba a los cuatro vientos –en estéreo– la magia del plan económico y la purificación de la política", como después de las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre de 2025. Sí se apagó ese megáfono, sí se produjo un silencio selectivo y discreto, sobre todo para no volver a producir otro recordatorio del potencial de la movilización (un evento material que Milei quisiera anular con su discurso). 

Me interesó la definición de bovarismo de Becerra: "las ideas son la realidad". "Milei lee con candor bovarista. Es un niño leyendo literatura infantil bajo el influjo del encantamiento, con la salvedad –es decir, el agravante– de que está leyendo economía. En ese régimen, no hay realidad más concreta que la textual". La mejor explicación es una escena de lectura en trance: cuando Milei lee a Rothbard y su anarcocapitalismo, le pasa como a Alonso Quijano en Don Quijote de la Mancha, que se vuelve caballero luego de leer novelas de caballería. Curiosamente, el epílogo del libro analiza la "antimateria formal" de las entrevistas largas, y menciona una en el streaming Neura con Alejandro Fantino y otra en Carajo con Daniel Parisini. Hace menos de una semana, el presidente repitió la hazaña, volvió a perderse en los "archipiélagos de la asociación libre" y terminó responsabilizando a las feministas por el quiebre del sistema previsional.

Paseo en la ciudad y la posibilidad de la ausencia

Lucy Patané y Barbi Recanati hicieron una versión de "Paseo", la canción de She Devils de su disco Horario invertido de 2007. La canción habla de un domingo, un día sin nada que hacer, de calles vacías y bares caros en los que nunca entraste, pero también habla de un tiempo que ya no está. La canción no es necesariamente nostálgica, aunque recuerda una ciudad que de alguna manera ya no existe, consumida por el olvido y la gentrificación y casi sin tiempo para no hacer nada. Una de las estrofas dice "intento llamarte pero nadie está", "no quiero volver si nadie me contesta". ¿Por qué alguien no respondería un llamado? Hoy te dirían "te está ghosteando, amiga", pero en la canción no existe la certeza porque ese teléfono podría pasarse el día entero sonando en una casa vacía, sobre un mueble y una carpetita tejida especialmente para él. La no respuesta siempre tiene explicaciones variadas, pero en la época sin celulares había una que podía ser excusa o explicación pero siempre ordenaba a las demás. "Y si no llegaste a la hora que tenías que llegar a esa esquina o a esa puerta del lugar, tal vez nos íbamos a desencontrar toda la noche. Esa sensación es como si se hubiera muerto porque ya está, ¿por qué no te voy a encontrar?", dice Barbi Recanati en la grabación. Hoy parece que la conexión permanente nos vuelve presentes en todas partes, pero es una presencia de baja intensidad, sin riesgos, ni buenos ni malos. No me interesa la nostalgia de ayer, me interesa esa posibilidad de ausencia y lo que hace con las certezas de nuestras soledades hiperconectadas hoy. El viernes 5 de junio van a tocar ese tema juntas en el Teatro Flores.

La primera vez que escuché hablar de She Devils fue en 2002 o 2003. Las nombraron en la Asamblea por el Derecho al Aborto de Buenos Aires, donde se las conocía por su EP “El aborto ilegal asesina mi libertad”, que había salido en 1997 y tenía una chica en skate levantándole la sotana a un cura y la frase "Miles de mujeres mueren diariamente en el tercer mundo a causa de la práctica del aborto clandestino". Un grito en medio del silencio. Lo presentaron en Cemento, donde hubo escaramuzas, debate con el público y repartieron volantes con la Comisión por el Derecho al Aborto. Esa intersección no va a ser una excepción para Pat Pietrafesa y Pilar Arrese que, con encuentros y desencuentros con los feminismos, mantendrán hasta hoy y a través de diferentes proyectos sus militancias y su hacer autogestivo. Podés leer su historia en Brilla la luz para ellas (Marea) de Romina Zanellato y escucharlas en Ruido y Sentimiento, otra aventura de Romina, donde hablan de ese querer hacer como espacio y como espíritu.

Ya que nombré a la Comisión por el Derecho al Aborto, en el último episodio de Bibliografía obligatoria hablo de esas activistas que hicieron olas antes de la marea verde, los pañuelos y el glitter. Las indispensables que levantaron la voz en medio de la sordera de los años noventa, las que hicieron la primera lista de demandas en 1910 y las que organizaron el primer 8M después de la caída de la dictadura. 

Parroquiales. ¿El año del blanco burgués? Escribí en Nueva Sociedad sobre la costumbre de los ricos y los poderosos de vestirse de blanco, a propósito de la elección de Pantone del blanco como el color del año. Reinas, novias, burgueses y la gramática del poder. Los sábados a las 12 en Radio Con Vos hacemos El Círculo Rojo. Podés vernos y escucharnos y, si tenés ganas, sumarte a nuestra comunidad (nos ayudás con lo que podés y a cambio hay algunos descuentos). Si querés contarme algo, escribime respondiendo este correo, y acá podés leer las entregas anteriores.